30 mar. 2009

Que estamos haciendo

Porque me he levantado con la constante de alejarme de quien primero aparezca. Acaso las pesadillas han aumentado y mi respuesta se difumina de tan diversas formas que ahora puedo sentir paz, mientras escribo. Al parecer, tengo la capacidad de mantener el rencor a forma de una herida no cicatrizada y con mis propias uñas, inconsciente consigo abrirla y al sangrar, encuentro una porción de alivio.

Hoy es cuando una semana empieza, junto a ella tengo al firme promesa de lanzar mi juicio bajo la cama, donde no consiga alcanzarlo; que este se convierta en un imposible y no lo sueños.

El lugar, mi habitación, no lo siento como mi celda personalizada aunque existen sus momentos de angustia, huir sin mirar atrás e imaginar que no existe un regreso.

Asi se dilatan los días, tratamos de explicarlos pero todo siempre quedará reducido a una reseña poco explícita y siento tan poco interés por los demás; que les agradezco su compasión de dejarme a mis anchas. No es que no me agrade su compañía o sus formas de arruinarme los domingos, es simple, la vida nos ha llevado hacia caminos distintos; es difícil encontrarnos sino es por necesidad y los pocos encuentros no prefiero enumerarlos.

Al parecer siento que mi libertad tiene un precio muy alto, he sido capaz de pagarlo hasta este momento; tal vez un par de lágrimas o un sollozo de no más de 5 minutos, tal vez lo silenciaba con el hábito de fumar tabaco, tal vez por eso trataba de juntarme a ellos a pesar de no llegar a entender nada.

Esta depresión entonces, está sujeta a factores familiares y cuando encuentro un momento útil para el trabajo, siento la fuerte necesidad de alejarlo para ser dependiente, para seguir siendo atrapado por el círculo del abandono y llamar su atención de alguna forma. Convencional o no, debo corresponder mi fortaleza y dedicación hacía algo que me envíe algún fruto de un sabor único y especial, que pueda disfrutarlo en su totalidad, ser su único dueño hasta la eternidad.

No tendré una proyección sólida hasta que no sea capaz de madurar mi función diaria, alrededor de mi esfuerzo; no podré trabajar, mejorando mi producción sino consigo tranquilizar mis emociones referentes al océano que veo atrás. Ahora que percibo no he sido capaz de permitirme curar, tener la opción de encontrarla, manipular mi historia de tal forma en que sea de mi agrado; como cuando no estaba tanto tiempo en casa, cuando realmente no me importaba lo que sucedía aquí.

Es momento de hablar, decir exactamente lo que siento y quiero; lo que busco cada día a cada hora, como planteo mi vida, dejar el silencio a toda hora y en todo lugar. No vivo en una iglesia para tener que retratarme las tragedias, no existe prohibición; es simplemente la costumbre que me consume y no consigo declararla como tal, como debería ser.

En mi mente, hay mucho espacio para diversos pensamientos; la búsqueda de limpieza mental a llegado a ser esta, el olvido no es algo relativo, es impertinente y ciego, un maldito que empieza a fastidiarme también. Cansado de no actuar y no sentir la vida como merezco hacerla.

A gritarle al mundo, que estoy vivo.

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