27 nov. 2006

Tuvimos ley seca...

Que ínfimo placer convoca lo prohibido,
y que tan complicado puede ser el hallar una resolución correcta a la hora de elegir.

La brusquedad de la campaña y el sosiego de marcado por una tendencia al fracaso me dice que la opción correcta sería escapar sin sentido, hacia un lugar muy conocido en la desventurada inconciencia junto a cualquier licor que sea más apto para el consumo animal que el humano, ya que no existe quien elegir sino mas bien quienes no.

Que gustoso hubiese sido faltar a la responsabilidad de hacerlo mientras clamaba por conciencia el pecado de haber sido aquellos que estando en resaca y falta de líquidos. A convertirse en aquellos que cumplieron con la patria por un simple propósito, un papel, una obligación, un requisito inquisidor.

Las cosas son más simples de lo que al final parecen; solo dejarle al tiempo a ver que sucede con las decisiones de otros, nosotros tomamos la propia; ahora que ellos hagan su trabajo, pero que genocidio puede embargar cuando ya no depende de nuestras manos sino de las ajenas que de confianza no nos dejan mucho al recuento de los hechos, no importa quien sea sino que sea quien haga, algo por cambiar lo que ahora no es lo que deseamos o que quizás ya la costumbre del frió silencio no nos convierta en clandestinidad de sucesos.

En conclusión, no importa cuantos sean sino cuantas obras realicen, el payaso no se denota tanto por el traje sino por las bromas que atribuyen su éxito.


Un poco de política asociada a la desesperación comunitaria llevada por una elección que no se deseaba; al temor del robo más no todo asociado sino descarado.

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