26 may. 2013

La vida es así, un conjunto de accidentes que terminan con una historia; contada en pequeñas secciones, mientras dura una taza de café.

Soy un caníbal y tengo hambre; soy quien quiere comerse el planeta y hartarse de la realidad frente a sus ojos; quien promueve una simple causa de libertad y armonía, de paz hasta el simple hastío; de respirar con una incomprensible sonrisa por las mañanas y destruir la agonía del pasado de un solo golpe con su puño izquierdo.

Quien reposa los atardeceres de una fantasía incongruente, sobre sus pies la incertidumbre de un lunes, previo a tanta meditación nauseabunda; a tantos recuerdos que se han enmarcado sobre una caja llena de lágrimas que están a punto de ser despachadas en el recolector de basura, la única forma de libertad permanece latente sobre el reposo de mi almohada, sobre los sueños que jamás recordaré y simplemente me satisfago con el sosiego que me trae un piano que suena de fondo.

No existen más causas para el desatino, sé es quien se busca ser; no por otros motivos la fuerza de voluntad que traigo encima, no permite que cualquier idea vaga logre quitarme mis metas. Lo que se ha perdido, son los motivos para dejarme vencer, ahora solo me quedan días para armonizar y sorprenderme de lo que se viene. Nada en realidad, tiene un fin, es solo que finalizamos una página que no había cerrado hace tiempo y otras tantas que están empezando a quedar marchitas con su punto final.

Se acaban los nombres, pero no así, los relatos que tengo pendientes; las fantasías y los pequeños letargos de soledad donde puedo pensar por causas naturales; la cotidianidad no existe, fue tan inútil tratar de encontrarla porque en sí; la cotidianidad es el formato predeterminado para abstraernos de sentirnos vivos, es como este relato, es cotidiano, rutinario, básico; porque al leerlo, solo expresa un pasado.

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