1 feb. 2013


Aun despierto con tu nombre atrapado en mi garganta.

Aun despierto, siento tu calor entre mis sábanas

Y aun despierto, consumo mi último aliento de la madrugada en tu recuerdo.

Aun aquí mi saliva sigue espesa, alrededor de las palabras que por odio rece por ti; entre dicho de un amanecer perdido en el instante de tu partida.

Aun no consigo recordar tus últimas palabras al cerrar el teléfono y dejarme en este infierno terrenal; que se ha vuelto cada amanecer que no concibo deletrearte. En mi mano izquierda aún sigue la huella de tus dedos, atravesar los sueños que alguna vez fantaseamos construir.

Continúan las rodillas partidas de tanto esperar; de embriagarme con tu olor y más aun de las extrañas historias entre clases.

Sigo en pié frente a esta pesadilla que se convirtió mi cotidianidad, mis deseos absolutos de abandonarlo todo y ser un mendigo más de la sociedad actual.

Aun ansío que respires mis quejas entre tus sueños, entre todo aquello que alguna vez juramos tener y ser para nosotros; viendo alrededor, para encontrarte entre la multitud, entre tantos latidos en sincronía y un corazón roto.

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