16 ago. 2012

Unos días antes del estallido, el día cero...


Hace tiempo que no consigo cerrar los ojos sin la imperante imagen de tu sonrisa marcando mis lágrimas; todo el amor que por ti juré hoy se ha convertido en un veneno implacable, que destiñe mi piel y bajo el sol corroe mis últimas esperanzas de sentirme vivo. Jamás imaginé que el tiempo me llevaría a negar tu nombre frente al espejo cada mañana; finalmente obtuve la respuesta, “en verdad no hubo amor”, solo recuerdos que se mezclan en mis venas y corrompen mi alma. Lo perdí todo tras cerrar la puerta de tu casa; de la última despedida y el hecho de no poder recordar tu rostro, hoy en fotos mezcladas con mi memoria se siente la lastimera sensación en la que me encuentro. Jamás intenté ser más para ti, que un fiel compañero de vida, un incondicional ser que vivía para sonreir a tus hazañas y sollozar en silencio tus derrotas.

A levantarse las mañanas con la única intención de escucharte, de soscabar las pesadillas y convertir un simple desayuno en una alegoría política para distraer la mente. Se lo ha perdido todo, todo aquello que llevaba tu nombre y la firme intención de hacerlo realidad. Se perdió hasta el último adiós; hasta la última mirada en ese café que tantas veces nos vió tomados de la mano; como si en realidad jamás iba a suceder algo que pudiera separarnos; se nos acabaron las horas, los sueños y hasta el deseo bajo las sábanas. Se nos terminaron las lágrimas y la puesta al viento de nuevos aires de libertad.

A terminar el día con la única verdad, olvidarte; de maltratar tu recuerdo y sostener las manos con fuerza; para no marcar tu número e intentar escucharte. El no gritarle al silencio y el rítmico sentimiento de odio/amor que mutila todos mis otros sentimientos, mantener mi fé de no volver a encontrarme contigo.

Mi mente se encuentra tan confundida en estos instantes,  tan llena de emociones tan repleta de sentimientos; tan confusa, como una densa niebla en la noche; donde en cualquier momento, puedes caer, puedes perderte y sentir tus rodillas temblar. Sé que mi estómago está sufriendo toda la magnitud de cosas, de errores, de pensamientos.

Llegará el día en que deje de latir por ti, dejará de doler, dejará de sentirse presente; te dejo ir, porque así lo has pedido; al final cumpliré tu último deseo, tu voluntad de corroer mi piel y vengarte.

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