20 nov. 2008

Y para que tanto drama.

Hay tantas frases que rodean mi mente, cada una es como si se tratase de lluvia; Lamentablemente su frío es lo que congela mi alma. A pesar que traigo dentro el carisma de sentirme bien. Intento la mayoría de las veces, que no logren sobrepasar los 5 minutos bajo un descanso programado; pero siempre están presentes, aunque no se las haya pedido.

Parece inútil mi batalla en contra de ellas, siempre son más fuertes o quizás siempre he sido más débil. Cada letra se va delineando frente a mis ojos y parece no importarles si de alguna forma podrán cumplir algún cometido. Al final siguen siendo de mi pertenencia, soy quien bajo cualquier criterio las hace nacer de pronto, sin consentir la calidad de las mismas.

Son frases, son palabras, son miradas que sin comprender están presentes y estarán por mucho tiempo más; no logro encontrar ese constituyente mental para evitar su fatiga y hace tanto tiempo desconozco el sueño profundo. Quisiera tanto recostarme y soñar en dulces mares llenos de cerveza; de calor incomprensible, de ausencia de ropa y de presiones; supongo que es vital tomar un respiro, pero que tan prudente es tomarse un respiro eterno.

Aprender a mantener la respiración por muchísimo tiempo antes de soltar una pendejeada verbal. Respirar es bueno, nadie lo consigue negar, pero hay momentos en que requiero mayor cantidad de oxígeno por cada aspiración y menos perdida del mismo en cada exhalación. Parece algo simple como últimamente he dicho, “Es como ir al baño, haces lo tuyo y jalas la palanca. Tu decides si lavas tus manos o no, al final ya cumpliste; lo que querías.”.

Quizás estoy siendo muy drástico con las últimas tendencias que he tomado, entiendo en cierta forma que mi agresividad asociada al yo, me está sacando muelas y ya me quedan pocas; tengo pocos cartuchos que pueda esclarecer en el cajón del velador y los guardo para momentos importantes; tales como construir un arma para bajarme al próximo rey del volante que se pose en la puerta del garaje, impidiéndome salir de mi propia casa; aunque esa historia ira para otro artículo, aun no encuentro el suficiente odio para solucionarlo.

Al final de cuentas, mantengo los mismos sentimientos; pragmáticos y prácticos. Amar y odiar, creo que el segundo me es más fácil, quizás para otros el primero; al final cada quien vive en su propia sopa y sabe si le hecha azúcar o un poco de sal, para que tenga sabor.

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