12 sept. 2008

Cosas de viernes, pensamientos al final del día

Me devuelvo la razón, me permito silencio y no logro callarme como esperaba; Algo sucede, lo defino como debilidad, no siempre es saludable estar de frente a las balas y es conocido lo inherente que uno permanece al momento previo del descanso mismo.

Almacenando papeles y sueños; intentos por realizarlos y la sospecha de un fin a la estación sostenida. Terminó por deshacerme de una revista que traía sobre mi escritorio hace tanto tiempo, nunca terminé de leerla pero la verdad era momento de darle algún destino adecuado. No puedo continuar desvaneciendo proyectos por el puro hecho de que me han parecido lejanos o imposibles, comprendo y acepto que el pensamiento humano de procastinar es natural pero no es positivo bajo ningún concepto; siento que temo finalizar algún proyecto porque luego de él, ¿qué vendrá despues?, mientras lo tengo en mente, es sencillo sentir algo de alivio y algo de alegría sabiendonos productivos de alguna forma; a determinado tiempo me ha producido más dolores de cabeza y stress, sencillamente debo consignar el hecho de que debo empezar a terminar todos los pendientes que me han quedado; leer hasta el pie de página de la contra portada de la revista, simplificar todo el código que deje pendiente del trabajo de ayer en la noche, recoger la ropa para meterla a la máquina de lavado, las rutinas de ejercicio que me limpian todo el carbón del tabaco y llamarla por última vez, llamarma porque ya termina el día y su voz es mi consuelo en su ausencia.

Algunas veces, he considerado los proyectos como una distracción pasajera y en muchos de los casos eso mismo hace que mi consideración hacia ellos sea meramente nula; pero hasta cuando tendremos el tiempo asociado a descansos para hacerlos realidad. Es momento de ponerse a trabajar como verdaderamente tengo organizado en mente y permitirme hacer, lo que debo hacer sin necesidad de sentirme asediado por la presión. No creo tener siempre la misma calidad de vida que llevo sino algo por mantenerla y bajo una determinación más simple, mejorarla.

En muchos casos, todo lo que comento, suena a una fantasía, a un cúmulo de sentimientos que quieren darme algo de motivación, mientras estamos caminando por una vereda transitoria a la avenida a circular, quisiera escribirlo lo suficientemente grande y explícito, que es momento de actuar, es hora de entrar en combate y romperle los dientes al destino.

Al menos, puedo terminar un escrito, en esté espacio; porque en todo lo que realizó no fuera igual.