25 feb. 2008

Porque somos también somos lo que hemos perdido.

*porque también somos lo que hemos perdido. (Frase que abrió mi manos a escribir, no recuerdo el autor pero fue único volver a encontrarlo)

Siendo la fiel causa de un ideal desplazado, con sus supuestos indirectos y de entre los mismos una sola razón de existencia; lo que aun somos y que seremos despues. Tras un espejo roto, varias coplas insinuantes, detalles que se roban nuestros destellos y las mudrugadas que el frío no da espacio a descanzo. Donde miseria nos recoje en avenidas inalcanzables, vestigios de un paraiso e infiernos condenados a cadena perpetua; se entrecruza el desden sobresaliendo las ideas en cada dolor que avecina y sospechamos que el instante mismo de calma, es la tormenta que avecina.

Ojos desorbitados desde el confin de un ataud hallado entre un par de metros a la distancia de otros que han delimitado sus propias concidencias a la versatilidad de la comeson de su espalda, aunque sus dudas nunca fueron recompensadas; detras de si, me desmiento, reconstruyo y agarro las riendas de este par de melancolias que traia hace rato; cuando el tiempo empieza a desaparecer, cansancio me queda desbocado y somos lo que el futuro promete para sus atardeceres encantados; sepultados a la deriva de un mar que no recuerdo. Cuando en verdad las pisadas me señalan un antepasado que desafiante me observa desde su balcón y recoge la ropa antes que esta humedesca con el rocio acido de miles de estacas que fueron clavadas en mi nombre y ahora que poseo uno sigo manteniendo el anonimato perpetuo de cobijas bañadas en la misma sangre que recojimos; remiendos de estás, girones de las demás y somos el presente que atemoriza a los que nos presceden.

Y se levantan cuando el sol hizo su llegada triunfal por ventanas que son cuadros y los ladrillos de los muros hacen eco en lo paralelos que son sus vecinos, los mismos que iguales y dispersos, irreconocibles en masa y forzandose a ser un mismo bien común. No son más que los cuadrilateros que en cada vertice se descubren dando de si lo único que nunca prometieron ser y ahora sus huellas se humillan para ser reconocidas en un diferente sitio y con las mismas marcas; las cenizas que me dejó el incierto que aguardaba y mi locura acuestas en busca de un incauto.

Siendo la una y treinta y cuatro minutos del Sábado veinte y tres de Febrero de un dos mil ocho, la turba que se acerca quiere desmembrarme cada sentimiento que traje en mi vieja mochila, sus recuerdos son frescos y el frenesí que los hace semejantes hacen de cada minuto a continuación la intesa espera hacia mi aguardo; encontrare buenas palabras y amenazantes dichos, sere buscado, trasquilado y puesto en oferta para un par de golpes que terminen deshaciendo lo poco que me quedo de verguenza. Y sonreire al final, tomando aire poco a poco, como me decian cuando era niño que lo último que daria de mi mismo seria mi voluntad. En mi única conclusión antes de mantener el silencio que se hara ruido despues es que ya nada más nos quedara por perder.

Por cierto, siempre un detalle me queda flotando en el aire, siendo el que me ata a continuar adelante y siempre el mismo, donde se quedo su sonrisa marcada en mi retina y a ella siempre le dare mi última despedida, repitiendosela una tras otra y cuantas veamos que sea necesario porque en si misma están los retazos y el pedazito de felicidad que me ha perdurado.

2 comentarios:

Belén dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
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