31 ene. 2008

En estos Tiempos

"El estilo decadente es la última palabra del mundo, elevada a su expresión más acabada y llevada a su último escondrijo" (Henry Miller). De esto parte la falta que es impulsada al entendimiento sobre lo que es decadente no es implícitamente algo siniestro o concebido en maldad.

Existen varias formas de completar un hecho, tras este son las exigentes tertulias que piensas dar. De la inequidad de lo que miras en tu espacio reducido y pocas las palabras que les puedes dar; Somos de barro crecido, fundido por pantallas y entre hábiles manos de minúsculas razones somos el sueño de un imperio, prosperamos tanto que dejamos de mirar atrás, miramos de frente al imposible futuro y tu humanidad se cuenta en centavos y sospechas que hoy tu mesada a quedado bajo sombra.

Quien nunca se ha mirado frente al espejo tratando de reconocer al cadáver que lleva dentro, él que no critica, no asume y no conspira con el vecino. Del mismo, que sus vapores te inunda por ello que ahora usas sonrisas y haces bromas de tu físico, el único que te aguanta tantos recuerdos que tratas de ocultar y te posas tan solemne; porque a tu juicio eso es solo parte de la soledad.

Hoy en día todos estamos enfermos, de aquella bendecida soledad que nos deja cada atardecer que hemos olvidado por los inmudables objetos que nos rodean impertinentes, les damos tantos nombres y utilidad que basta con una mirada y todo será realizado, eliminamos esas perdidas de tiempo que pueden acarrear tantos problemas que no somos capaces de enfrentar y de allí es donde pierdes aquel valioso tiempo que tienes para darte, recordando unos años atrás cuando todo sucedía tan despacio que me quedan hasta la forma en que estuve vestido, mis zapatos en la comodidad precisa, los escritos que tenia siempre mente y que prometía escribir algún día, cuando finalmente decida ser una persona para el bien de la comunidad y no descarriarme una vez mas por la avenida de la aventura; he aquí donde llegue a un hito de mi existencia, la brusquedad de una duda, siendo parte de una miserable sociedad y con la misma me levanto día a día para alimentar al gigante monstruo que llamamos estado; ahora que me empeoran los ojos y son esos detalles lo que he perdido, el brillo de mis ojos al transpirar por una corrida por una travesura, los días de excesos sin voluntad y la voluntad que deje pasar por completar la obra del día.

Somos de barro repito, pero todos nos vamos fundiendo conforme la misma vida que tanto preguntamos que será, es la misma que nos responde con más responsabilidades que dar. Y somos de donde y con quien nos identificamos; en lo personal siempre me he considerado aquel de barrio que sale con sus vecinos a buscar oficio, que cuenta sus aventuras de peculiar forma, tratando de reír de sus errores y ocultando sus beneficios ya que de la maldad que renacemos de nosotros es donde realmente obtenemos el crédito de ser quienes merecen ser admirados por necesidad. Un modelo a seguir que no obstante siempre me deja el sabor amargo, que el hambre que traía encima siempre quería ser más grande, que era tan pequeño y que lo sigo siendo.

Allí es donde empiezan a dividirse, a sublimarse y extraer pedazos de nostalgias. Cuan pequeño era ayer y el hoy que hemos crecido. Hemos mejorado en algo el planeta que tenemos encima o debajo. Mentimos en voz baja y riéndonos de que mañana y el hoy son ajenos, que los demás no saben lo que sucede y que nosotros nunca haremos que algo suceda.

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