3 ene. 2007

Conviviendo.

Si desde hace algún tiempo comprendí que poseía una mano lo suficientemente capaz para reventarte la mejilla de una sola bofetada y una voz lo mayormente retórica para pedirte que te calles.

Era entrar simplemente por la puerta de nuestra habitación emprender la caminata hacia la cama y encender algo de música para regalarte lo ocurrido, cotidiano del día, emprendiendo tú, la larga letanía del efectivo perdido en tu billetera y los momentáneos alivios que están sobre el comodín cerca de los libros, muchos que hasta hoy con la boca destrozada no volverás a leer pero siempre te darán el toque ansioso de tu búsqueda por explicaciones; aun así manteníamos la calma, era casual el encuentro de hoy, todo siempre tiene su inicio y el final es lo sorprendente de todo esto.

Empezaste a hincar levemente mi nuca cuando entendía más crudamente que el silencio siempre es mi mayor aliado en esos tiempos en que solo eras capaz de atacarme todos mis defectos con tu mirada este que rompía todo cristal alrededor y unas cuadras más adyacentes a tus gritos. Pero esta vez trataba de ser coherente y no desperdiciar ese anhelado tiempo que era te era perteneciente y sacar provecho de ti sin lugar a dudas trabajando en conjunto podríamos llegar un poco mas lejos.

Y fue allí en el proceso donde emprendiste tu ataque sin mucho esfuerzo, diciéndome que ya era momento de arreglar las cosas. Poco a poco ofendiste el mínimo detalle que hacia por ti para controlarte cuando recogiste impunemente mis trozos de carne que esparciste con tu explosión, tu tenacidad aun no dejaba de sorprenderme fue todo similar a caer sin sentido por las gradas; fue como que hubieses colocado justo una bomba de tiempo debajo del sofá cuando fui a sentarme, el luego estaba inconciente solo trataste de formar algo que era similar a lo que era antes del suceso y pensaste que todo continuaría igualitariamente complaciente a tus deseos y a tu rutina de todos los domingos había al final muchos ingredientes sobre la cama y demás recuerdos en el piso.

Lo que tú no comprendiste hace algún tiempo es que cuando tú asedias con tus lamentos y deseas tomar el control de mis acciones yo solo me resguardo en tus errores y ellos son quienes me hacen más fuerte porque convivir muchas de las veces con mi locura es como cargar en la espalda un matrimonio mal llevado.

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