23 dic. 2006

Un puñado del 23 de Diciembre

Es circundante,
lo único que jamás perdonare
es que hayas aparecido en mi vida
con tus alegorías de juventud
y con todas las demás emociones
que dentro de la envoltura
de tu presente
dejaste en mi pasado.

Como sostenías la copa
de vino en tus manos
y cortabas el hielo de fuera
con tus palabras inhumanas
y enmarcabas mis errores
con tus salivas de cristal.

Saliste de tu silla de bar
colocaste tu mano fría
en mi frente húmeda
y sostuviste mi delirio
en un instante con tus labios.

Abriste la puerta de enfrente
sin mirarte en el reflejo
de la ventana de junto
dejaste una nota en mi bolsillo
y un puñado de despedidas
en mis disculpas.

Buscando una respuesta
me humille en el piso
de nuestro recuerdo
y halle una simple explicación
dejaría de buscarte en sueños
y trataría de entenderte en sobriedad.
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No dejare el recuerdo establecido en la abundancia de mi experiencia tan solo deseaba devolverme aquello que fue un demaciado conocido para mis propias referencias, que alguna muchas de las veces los recuerdos no me duelen me enseñan cada vez que deseo que lo hagan por mi. Otro mini-ritual de lo que fue hace ya 3 años de conocer lo que pense que solo pudo ser una sospecha de amistad.

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